viernes, 25 de septiembre de 2009

No se morir cuando es el momento
Me gusta revivir entre los intentos
No se morir cuando te beso y colapso
Me gusta sentirme vivo
No se morir al ver el mundo enfermo
Me contagio de indiferencia
/triste pero cierto
No me gusta morir frente el espejo
No mueren mis ganas ni tampoco mi reflejo
No me gusta morir por el aire que respiro
No me gusta la oxidación
No me gusta ver morir a nadie sin afecto
Si a las caricia, a los besos a un te amo
Si me gusta ver morir el día y la noche
Te veo dormir, tranquila
Con tu energía de mil lunes
En mi cama tranquila
La noche esta dormida
Con tus sueños antagonistas
Con tu cara de mujer tranquila
Las personas hoy no dormitan
Te amo entre mis sueños
Te amo así tranquila y serena
Como la noche que tranquila dormita
una vez una persona me dijo:
"alguien tiene que hacer el trabajo sucio"
hoy yo me pregunto:
"¿quien hace el trabajo limpio?"

lunes, 14 de septiembre de 2009

continuacion

dejaban ver unos hermosos senos prominentes y mal bronceados, un poco familiar, un poco conocida. La sala en la que estábamos era acogedora, llena de adornos en porcelana por todos lados que no merecen ser descritos ahora, los muebles en el cual ahora nos encontrábamos sentados no demostraban una edad especifica que yo pudiera determinar, no sabia si eran viejos o nuevos por lo cual supuse que eran antiguos porque todo en esa sala era muy antiguo. Los tiros de armas sonaban afuera en lo que yo suponía era la calle y por lo que pude ver afuera de la casa existía un campo de guerra, tenían trincheras a lo largo de pequeñas montañas, interesado por la bulla mire hacia afuera y vi unos soldados de una guerra que se me hacia muy conocida, pero sabia que era muy antigua, quería gritarle a todos esos hombres que se rindieran que iban a perder la guerra, que esa era la batalla en la cual ellos perdían, o por lo menos que me dieran la oportunidad de ayudarlos a dirigir las tropas y decirles cuales eran la fallas que ellos tenían y las debilidades de sus enemigos. Pero por mas que gritaba ellos no me escuchaban y yo tampoco escuchaba mi voz muy bien. Recuerdos de libres pensadoras en la sala de nuestra casa.
- ¿De que te preocupas? No es tu país, ni tampoco tu problema. ¿Por qué te angustia tanto el saber que van a perder?
-No lo se, creo que me enseñaron a preocuparme por los demás desde que era un niño
-escucha detenidamente lo que dices, nuevamente estas sintiéndote orgulloso por ser bueno. Eso hace triste y monótonamente eterna tu vida, entrarías a un mar de sin razones aparentes.
-creo que tienes la razón, pero no me gusta dártela. No entiendes que si te la doy estaría cambiando, y cambiando dejaría de existir (estas palabras no son mías ¿de quien eran?)
De pronto la imagen se desapareció, y la conversación con aquel hombre quedo inconclusa para El, que se vio sumergido nuevamente en un mar confuso de colores, formas, olores y sabores. Lluvia de fuegos danzantes como el humo en una buena tarde de cigarros y vinos, y las sensaciones incompletas se hacen presentes en los momentos de eterna confusión humana. Lenta es la vida para quien no la disfruta, quien no la sabe valorar. Premoniciones extrañas a las puertas del purgatorio, designaciones guiadas por torpes señales de un hombre imperfecto y la imagen de un dios y de un diablo hablando con Rumi. Tan comunes, tan extrañas que se hace imposible no entender que son las imágenes que a diario me toca ver, sentir y oler. La trágica historia de unos pobres colores al borde de la muerte. Y las ganas eternas de la madre muerte por suicidarse.
-Que buena tarde ¿verdad Raúl?
-Si… pero aun no entiendo ¿Qué me quieres decir?
El anciano se quedo un momento callado, me miro con unos ojos cálidos buscando una paciencia infinita en mi, fumo un poco de su cigarro el cual estábamos compartiendo en ese hermoso balcón colonial, con la mejor mirada a un bosque enorme y tropical, mientras que el sol se escondía entre los arboles mas hermosos y altos de ese selva virgen. El aire cálido que nos permite percibir el trópico en el cual creía estaba situado se confundían con el olor a tierra húmeda que deja en el bosque los ríos, y un sinfín de aromas se confundían en mi bulbo olfatorio, es de aclara que el cigarrillo también se confundían en la cantidad de aromas que el viento nos trajo en ese momento. Los pájaros entonaban sus cantos más peculiares, y el bienvenido que colgaba del techo marcaba el compas de la mas armoniosa sinfonía natural, por un momento comprendí el poder de la música en la mente humana, y trate de buscarle palabras técnicas pero me di cuenta que no era necesario cometer tan magna insensatez. Que solo tenía que disfrutar el momento que me regalaban todos mis sentidos.
-No te quiero decir nada
-¿Entonces por que estoy en este lugar?
-Si no lo sabes tu, mucho menos yo
Otra bocanada de humo que viaja directo a los pulmones, el anciano lo conservo por unos segundo mas, y se quedo mirando fijamente a los arboles que escondían el sol. Yo esperando una respuesta a una pregunta que nunca formule bien, estaba totalmente asustado como si de eso dependiera mi futuro, todo despareció a mi alrededor solo podía ver el humo como salía de una nariz prominente.
-No esperes una respuesta cuando ya la sabes, pues nunca la vas a escuchar
-No me digas lo que tengo que esperar y lo que no tengo
El anciano se sintió agredido por lo cual cambio la expresión, ya su rostro esperaba a que yo le dijera algo, a la expectativa de escuchar una larga explicación como si yo la supiera, comencé a desesperarme pero no quería que el lo notara, pero tampoco quería que el viera en mi rostro una despreocupación total, hasta tal punto que el pudiera llegar a creer que ya nada me importaba, que el tema de conversación pase a ser un silencio infinito como suele ocurrir cuando estamos conversando con alguien y no nos gusta su opinión o su forma de ver las cosas. Un momento en blanco y confuso como en la peor de las borracheras, sensaciones indescriptibles de desespero.
(la siguiente parte, escucho criticas gracias)

domingo, 30 de agosto de 2009

sin asunto

Amigo, hermano, parcero
Los juegos de niños
El amor puro de un abrazo
Las locuras de adolescentes
Las vivencias de adultos
La inocencia que tratamos de conservar por muchos años
El viaje hacia lo desconocido e infinito
El compartir tantos momentos juntos
El descubrir un mundo nuevo
El dolor con el cual nos acostumbramos a vivir
La ausencia que se hace presente
Los remanentes de una historia...

jueves, 20 de agosto de 2009

Al despertar siempre se le ocurrían las mejores historias para escribir, ya sea porque se las soñó mientras dormía o entre insomnios las concluyo, cosas sumamente fascinantes para relatar y atrapar cualquier lector incauto, sediento de distracción elaborada. Pero el único problema es que no tenía con que escribir ni tampoco en donde escribir, además siempre concluía que el mundo no merecía tan magno escrito y que terminaría mal lográndose en una carpeta depositada en el baúl de los olvido y recuerdos, y que él no era un escritor para despertar a las 3 de la mañana encendiendo todas las luces de la casa para empezar a escribir sin descanso antes de que la historia se le escapara, y hacer expresiones de loco mientras que escribía mas y mas…
Un color extraño tenía esa casa, en la mañana de aquel día que fui a visitarla; Era un blanco obscuro, una imagen viva de una gran casa colonial que se desvanecía en un fondo obscuro. Sus ventanas eran en marco de madera un poco vieja por los años, lo digo porque tenía agujeros que mostraban las marcas que la polilla, comején o broma ya habían hecho al interior de la madera innumerables caminos que intercomunicaban colonias con otras, muy parecido como a lo que ocurre con los humanos destructores y formadores de impresionante caos ordenado y cronometrado. Y efectivamente cuando me acerque y toque los barandales con cierto retoque circular logre desprender fácilmente un pedazo. La mañana no estaba de ningún clima, no tenia el día cara de lunes o de martes o por lo menos de un domingo que es el que mas cara perceptible tiene (como si los días tuvieran cara) .
-Disculpe Raúl que solo tenga aguapanela para ofrecerle
-No se preocupe
Los cabellos de esa mujer eran blancos, profundamente blancos como las nubes que adornan lo más alto de una montaña en una tarde de invierno, sus ojos profundos y misteriosos como si guardara un profundo secreto que no la dejara vivir tranquila… o tal vez morir tranquila, su cuerpo encorvado por los años por la falta de agua en sus articulaciones, su color de piel mestiza y un vestido blanco. La mesa de la cocina donde nos encontrábamos ahora, tenía un mantel bordado con grandes manchas de indescifrables comidas, tenía también sobras de arroz que alguna vez fuero cocinados y servidos en un plato, al parecer hace mucho porque los granos ya estaban muy duros algunos ya estaban con manchas grises. La mesa estaba contra una pared y daba paso para tener tres sillas nada más, el material de la mesa era de madera pero no la hizo un ebanista, se ve que la hizo una persona que tenía una vaga idea de cómo hacer una mesa, y utilizo unas cuantas tablas de alguna cama, y unos cuartones de madera que seguro compro por muy bajo precio (sorbo de aguapanela). Miradas profundas en la vieja cocina.
- ¿A qué se debe su visita Raúl?
- No lo se
- ¿Qué necesitas?
- No lo se
-¿Qué busca usted en esta vieja casa?
-¡No lo se!
La mujer mostraba una calma esa mañana extraña, sus ojos azabaches, su pelo negro hermoso, y su raza mestiza, su cuerpo delgado y bien escultura, un traje verde esmeralda oscuro escotado...
(esto es solo un pequeña parte de una pequeña historia que estoy escribiendo, escucho las criticas destructivas, y no lo hice trabado ni mucho menos, solo consumo alcohol. gracias)